El Tribunal Supremo se ha pronunciado recientemente sobre los requisitos del delito de agresión sexual, sentando que la distancia física entre victimario y víctima no desnaturaliza los requisitos de la agresión sexual puesto que mediante intimidación se atenta contra la libertad sexual de la víctima en un escenario, el de las redes sociales, con mayor impacto nocivo y duradero. Todo ello sobre el contexto de las numerosas agresiones sexuales que se están cometiendo últimamente a través de las redes sociales. De esta manera se pasan a considerar conductas típicas subsumibles en el delito de agresión sexual la obtención de videos sexuales de una persona intimidándola a través de las redes.

En este sentido, conviene analizar el delito de agresión sexual, recogido en el art. 178 del CP, prevé como conducta típica el atentar contra la libertad sexual de otra persona, utilizando violencia o intimidación (esto es lo que le diferencia del delito de abuso sexual), estableciendo una pena de prisión de 1 a 5 años. Por tanto, el bien jurídico protegido es la libertad sexual de la víctima, de modo, que la lesión a tal derecho se produce cuando:

  1. Se ejecute un acto o comportamiento con contenido libidinoso (lujurioso, propenso a los placeres sexuales).
  2. Que se emplee violencia/intimidación: se entiende por violencia básicamente el uso de la fuerza física u otra semejante suficiente para vencer la voluntad de la víctima, y que por tanto haga inútil la negativa a realizar el acto sexual, y por lo que se refiere al concepto intimidación se basa en la «vis compulsiva», en virtud de la cual el sujeto pasivo cede a la actividad sexual para evitar un mal mayor sobre su persona o bienes o sobre los de un tercero con el que tenga una relación íntima o estrecha que le provoque ceder ante ese comportamiento.

Una vez aclarados los elementos típicos, pasamos a analizar el caso concreto que ha motivado que el Tribunal Supremo se pronuncie en esta materia en su Sentencia 447/2021 de 26 de mayo de 2021 (a continuación, os dejamos el link, por si es de vuestro interés su lectura): https://www.legaltoday.com/wp-content/uploads/2021/05/STS-447-2021.pdf

En el caso de autos, el condenado se inscribió en “TUENTI” con una identidad falsa de mujer y contactó con una menor de 12 años, a quién no conocía, a la que le obligó a hacerse fotos y grabarse vídeos de contenido sexual y enviárselos, bajo la amenaza de denunciar a su familia y de difundir las grabaciones que tenía de ella a sus contactos en esa red social.

A nuestro entender, la conducta realizada por el condenado cumple con todos y cada uno de los elementos del tipo penal, analizados anteriormente, por cuanto se trata de una acción positiva -solicitar a la menor que grabe videos de contenido sexual tocando su propio cuerpo, y se los remita-, y el empleo de la intimidación, toda vez que el hombre amenaza a la niña con la difusión de las imágenes que ya tiene de ella en la red social.

El Tribunal Supremo fundamenta su decisión sobre la base de que, la obtención de imágenes de contenido sexual de una menor tocando su propio cuerpo – si bien es cierto que son grabadas por ella misma, también lo es que lo menor lo hace bajo la intimidación en forma de amenaza “online” de la divulgación en redes de imágenes de contenido sexual obtenidas previamente por engaño -, constituye un delito de agresión sexual. Y reitera y destaca que este delito no exige que el agresor realice actos directa y físicamente sobre la víctima, debiendo subsumirse la amenaza online empleada en el caso de autos en el concepto de intimidación que prevé el precepto legal.

Todo ello debe ponerse en relieve dado que la dimensión social de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) puede convertirse en un instrumento de intimidación muy potente, atendiendo a la facilidad para el intercambio de imágenes y videos y los actos de cosificación sexual que encontramos actualmente en redes sociales. Debe tenerse en cuenta, también, que, para muchas personas, y especialmente adolescentes y niños, las redes sociales se han convertido en un espacio de interacción social básico.